Sorprendido por el contenido de Cara a Cara... cabe destacar
su estilo narrativo que la hace diferente al cubrir un tema como la Violencia llevado a un escenario específico logrando
escapar de lo común y corriente de la narrativa política, y dejar plasmado un buen tramo de esa historia, esta
vez con extraordinaria sencillez, desde el corazón de sus personajes; me asombra el enfoque personal, íntimo,
con voz propia dado a cada uno de ellos; algo dificil de alcanzar en la narrativa, que esos personajes se hagan sentir y se
conviertan en protagonistas de cuerpo presente, con influencia, pese a su aparente insignificancia, que nos lleven de la mano
como si fuéramos sus hijos, a mirar con ellos la muerte cara a cara, desde el punto de vista de la víctima
como de su victimario. Estilo que hace sentir al lector una realidad mágica solo alcanzada por Gabo. Fuerte y atrevido
es su acercamiento y nombramiento de los jefes de la Violencia, algo inusitado porque es una acusación directa, con
nombre propio, que debe ser constatada hasta el último detalle para no distorsionar la historia. El estilo narrativo de esta obra me hizo sentir la realidad de la tragedia y la personalidad de sus protagonistas,
pensadores y filósofos, que le hablan al lector con un lenguaje cotidiano, humano, de vecinos buenos, en un YO, sin
pretensiones, sin tapujos, sin cortinajes, desde su amanecer hasta su ocaso, son el vecino, el operador de moto, el que nada
tiene, solo el deseo de vivir, amar, darse a conocer ni siquiera quiere sobresalir, pero en el fondo espera que los paracos
le hagan el honor de enterrarlo en el Cementerio Nacional de la Magdalena no en cualquier cenagal a sus orillas.
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Hace más de dos décadas, en
vano buscan a Jaled. L Los personajes imaginarios de estas crónicas
convivieron codo a codo conmigo en el trabajo del día a día, como la hormiga arriera con la carga a cuesta.
Si no todos, sí la mayoría, más de un cuarto de siglo en La Palma de aceite. Unos como contratistas y
empleados al destajo, otros, como colegas auxiliares de campo, más un puñado de profesionales del agro. Juntos
hilvanamos entre palmeras, esta historia, hoy contada desde el punto de vista de uno de los sobrevivientes en esta lucha del
diario vivir, en medio de una guerra no declarada. Una víctima más de la guerrilla y la mal llamada seguridad
democrática, en la Colombia rural. Unos peones sin hoja de vida brillante, pero con historias sin contar, escritas
con el corazón aquí, en Cara a cara con la muerte, una novela histórica y didáctica. En ciertos instantes del desarrollo de Cara a
cara con la muerte; el río Grande de la Magdalena, adquiere tanta importancia o interés, que se convierte en
el principal protagonista de esta historia didáctica nacida en su complejo cenagoso; las inmensas vegas rodeadas de
humedales, las grandes extensiones de terrenos dedicados a la ganadería, los bovinos desplazados por la fiebre verde
de la palma de aceite. Al
escribir este libro, desperté del letargo en que yacía y tomé conciencia de que cada instante de mi vida,
"es un milagro". Cierto, quizá, como las brisas de la ciénaga Yarirí que acarician el rostro
de los pescadores palmeros contratistas al destajo, abrazados a cielo abierto por los rayos naranja del sol poniente; ellos
pueden obsequiarnos un momento de memoria histórica; y esperanza para conquistar la paz de Colombia.
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