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Manuel de la Puebla: la "rama verdecida"
de un recuerdo (Réquiem)
Cualquiera que haya tenido edad
en 1979 para amar el verso, o respetarlo al menos, sabe quién fue Manuel de la Puebla: columna fundamental en la historia
de la cultura puertorriqueña, emblema e ícono del esfuerzo en pro de la poesía nuestra. Había nacido en Palencia
en 1924, y renacido varias veces bajo los cielos de América. Pero fue en Puerto Rico donde se afincó roble,
abrió sus flores y alfombró caminos más largos y amplios en la historia de la poesía puertorriqueña. De la Puebla se dedicó
durante años a la docencia en el Departamento de Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto
de Río Piedras. Una pléyade de estudiantes surgió engrandecida de sus aulas, pero mucho, mucho más,
salió al país con la gestión incesante que desplegó fuera de ella a partir de 1979. Aunque español, de
origen, su interés por la poesía de afirmación nacional puertorriqueña no tuvo nunca distracción
ni desvío. Era finísimo poeta. Ya había estudiado y publicado su estudio sobre La poesía militante
puertorriqueña, en dos tomos (1979), cuando inició la publicación de una revista trimestral que llamó
Mairena. El nombre, tomado del alter ego de Antonio Machado, Juan de Mairena, que reflexionaba sobre el quehacer poético,
fue la inspiración que germinó, no de la nacionalidad de éste, sino de su deseo de emular un quehacer
que, como las olas, no tuvo descanso. Don Manuel de la Puebla fue su militante idóneo y paradigmático. La aspiración
que asumió con asombroso celo fue la de tomar, enriqueciéndola, el pulso de la poesía puertorriqueña,
y del alma de lo que es permanencia en el tiempo. El primer número de Mairena lo dedicó a Luis Palés Matos.
De alguna manera llegó ese número pronto a mis manos, cuando aún no estaba titulado de posgrado. Me comuniqué
con él, e iniciamos inmediatamente, para mi sorpresa de pino verde, una colaboración permanente que solo abrevió
la dirección de la Revista Exégesis de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Humacao, que asumí alrededor
de 1989 y 1990, hasta 2017. La colaboración entre nosotros se dio por grados ascendentes: primero ayudante, luego miembro
de su Junta Editorial, y finalmente, escribiendo, en algunas ocasiones, trabajos a dos manos con él para la revista,
y algunos libros. Además, me encargó la confección principal de algún que otro número,
o el estudio y la reseña global de toda la poesía puertorriqueña publicada en algunos años. No
sólo aprendí de él, desde luego, pronto y hondo: don Manuel indujo, además, una confianza en mí
mismo que no habría alcanzado tan pronto de ningún otro modo. En su casa leí algunos de sus versos aún
secretos. En su casa imprimimos mis primeros dos cuadernos de poesía. Mairena -es decir, don Manuel-- publicó durante veinte
años, tres números encada uno de ellos. La revista, de alrededor de 150 - 170 páginas, incluía diversas secciones: artículos
sobre autores y temas, juicios críticos de profundidad, reseñas, homenajes, antología de la poesía
publicada cada año, ilustraciones y fotografías, y entrevistas. Muchos números fueron de naturaleza monográfica,
ya fuera por autores o por temas. Entre ellos, el primer número antes mencionado: Palés Matos. Con los años
por venir, se incluyeron autores como Evaristo Rivera Chevremont (4), Luis Hernández Aquino (8), Francisco Matos Paoli
(11 y 12), Juan Antonio Corretjer (15), Julia de Burgos (20), Manuel Joglar Cacho (26), Marigloria Palma (30), San Juan de
la Cruz (32), Sor Juana Inés de la Cruz (39), José Martí (40). Aparte de ellos, hubo números dedicados
a temas específicos, por ejemplo, "La poesía actual del Mundo Hispánico", en dos volúmenes
(24 y 25), "La creación femenina" (28), "En areyto y romance: la poesía sobre el descubrimiento"
(33), "Poesía de España y las Américas" (34), "Poesía atalayista" (36), "Imagen
poética del siglo XX" (41), "Seis poetas puertorriqueñas" (42), "Ecología y poesía"
(43), "Poemas a la madre" (44), "Veinte poetas puertorriqueños del siglo XX" (45 y 46). (Entre
ellos, José de Diego, Luis Lloréns Torres, José P. H. Hernández, Clara Lair, José de Diego
Padró, José Antonio Dávila, Clemente Soto Vélez, Graciany Miranda Archilla, Carmen Alicia Cadilla,
Ester Feliciano Mendoza, Violeta López Suria, Hugo Margenat, Marina Arzola, Manuel Ramos Ortero.) Algunos de estos
números los editó también como libros. Así, por ejemplo, la "Antología de poesía
puertorriqueña 1982", "Antología de poesía puertorriqueña 1983", y "Antología
de poesía puertorriqueña 1984-1985", autoría de dos. Como editorial, Mairena publicó también
libros de poesía de varios autores, y realizó o patrocinó conferencias y otras actividades públicas. Como esto le fuera insuficiente,
Mairena auspició también durante años certámenes de poesía, y produjo, también durante
años, a través de Radio Universidad de Puerto Rico, "La revista oral de poesía". Muchos de estos temas de la revista
parecen desvincularse de la poesía puertorriqueña, pero a eso respondía De la Puebla, que el propósito
de Mairena no era limitarse a ella, sino vincularla con el resto del mundo hispanohablante. De ese modo y con esa intención,
Mairena publicó poemas de autores de estos países y distribuyó la revista más allá de nuestras
costas. Mairena insertó la poesía puertorriqueña en un mundo que abarcaba varios continentes, y a la
vez, alimentaba la nuestra con el conocimiento y las aportaciones de otros lares. Mairena publicó mucho más de tres
mil páginas. Las antologías de los años particulares mencionados incluyeron la revisión de toda
la poesía publicada en libros esos años. Tras completar durante veinte años la publicación de la revista,
De la Puebla vio en ese número el ciclo culminado de su proyecto. Mas aun así, y a pesar del peso de sus años,
fundó enseguida otra nueva revista que tituló Julia, en obvio homenaje, no esta vez a la idea de la permanencia
en el tiempo, como lo fue el personaje de Antonio Machado, sino a un símbolo de la naturaleza más entrañable
nuestra que representa una voz de género, de intención, calidad, querencia y compromiso. El siglo XX amaneció con
revistas titulares que fueron canónicas. Limitémonos a mencionar La revista de las Antillas, de Lloréns
Torres, o Asomante / Sin Nombre, de Nilita Vientós Gastón. Pero una revista no gubernamental, o privada, dedicada
a un género específico, de la duración de dos décadas, con una cantidad tan grande de números,
de distribución internacional, de su apertura, de actividades colaterales, abarcadora de un número tan amplio
de colaboradores, de tantos homenajes, y números monográficos, es una hazaña que no tiene émulo
en Puerto Rico. Don
Manuel ha fallecido a mediados de 2021. Pero la obra que realizó para nosotros, aunque sea anónima para muchos,
desconocida para tantísimos, es profunda. Y nunca termina. Porque fue amparo y surco de la poesía que es alma
nuestra, y mirada del pensamiento, la sensibilidad, y el oído. Lo que ha sido la poesía, e incluso el arte nuestro
de las últimas tres décadas, tiene una deuda impagable en el ser que somos. Maestro nuestro ¡durante medio
siglo! Cuántas gracias, don
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