"...porque el hombre es más ancho que el mar y que sus islas" Pablo Neruda, Alturas de Machu Pichu.

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 Marcos Reyes Dávila  



 
 Catedrático en la Universidad de Puerto Rico en Humacao y Director de la Revista EXÉGESIS. Como crítico concentra esfuerzos en el estudio de la obra de Eugenio María de Hostos y la poesía puertorriqueña, pero no se limita a ello. Fue director del Instituto de Estudios Hostosianos, y autor de "Hostos, las luces peregrinas", incluido en la Biblioteca Cervantes. Como poeta, es autor de: "Estuario", "Pájaros de invierno", "Goyescas", y "Una lluvia tan grande de campanas", compilación de seis libros. Además, "Para un día sin réquiem y sin sombras", "Los códices secretos", y "Poemas del auxilio mutuo". Ha publicado recientemente "Del fuego sobre el agua, antología de su obra inédita: La lluvia en la bodega (2004-2012). 

 
 
Viajero de la Cordillera del alma, Marcos Reyes Dávila habita las fronteras colindantes con el Olimpo. El Amor por las Letras lo lleva rumbo a la Cima, que también oculta el dolor de alcanzarla. No se todavía si el relámpago asombra las cumbres de Machu Pichú o los abismos anímicos, su alma. Joseph Berolo, Ave Viajera. Puerto Rico 1970 48 Años de Encuentros Inconclusos entre dos almas.

www.lasletrasdelfuego.com.

 

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Relámpagos de Machu Pichu
Sube conmigo, amor... 
Después del zarpazo terremoto 
quedaron estos dientes de dragón 
destilados siglo a siglo 
desde el agua en la simiente 
hasta el sueño de la nube 
 
 

 

I
Has de saberlo ya
ciudad secreta:
desde que te vi
sólo quise seguir mirándote
inmensa
formidable
piedra de nube ya
que sueña el mar caribe
para que lo penetre a ras
el sol de su caricia en la mañana.

Pasaban ya
de niño por mis sueños
lo mismo el cóndor
que la ternura de la alpaca
la melancólica melodía de los Andes
y la mirada de esa llama
que me llama.

Has de saberlo ya
sueño sagrado de mi sangre:
desde que te vi
sólo quise seguir mirándote.

II.
Vilcanota traía desde octubre
agua para poblar acantilados
bajaban por las terrazas
y escaleras
subían en la arcilla
y el maíz
corriendo como ríos
para abrevar los desamparos.
El agua retoza por la piedra
camina erguidita
como la alpaca
en la barranca
te rodea y te acaricia
como un gato
te sonríe como gaviotas volando
y sueña desde el Cusco
con la altura de tu pecho
inmenso inmenso
que no duerme sus amores
y me espera
Cómo sabrían
hacia dónde mirar los girasoles
si no se deslizara la ternura
como el musgo
por todas las pendientes
de tu alma.

III
Sí, querido Pablo:
la piedra de esta altura
sepulta el dolor
de la sed
el hambre
y la fatiga del cielo.
Pero todo transita en este entorno
de la cintura ecuatorial
hasta esta colina sagrada
donde los Andes te abrazan
y pasa el cóndor por la altura
contemplando
Todo transita por el camino
secreto de los incas
hasta este lugar
tatuado en la esmeralda
Sin embargo
no era, Pablo,
el Machu Pichu
el objeto sagrado en la mirada
que contempla.

III

Era el Waynapicchu
la montaña de enfrente
coronada en la pluma de la nube
y acariciada de truenos.
Todo mira la montaña erguida
todo la está mirando
con la ternura de los ojos
de una llama que llama
La piedra
y el agua acanalada
las terrazas
los templos
y las casas
los sembrados
las pisadas
y lo mismo el que sufre
que el que ama
y el corazón de un espíritu
atado irremediablemente
a su mirada

Todo mira la montaña erguida
todo la está mirando
el río desde abajo
la nube por encima
los montes que la encierran
el sierpe del relámpago
el sol
la lluvia
los senderos
el Machu Pichu entero
y cada muro de piedra

Aquí te espero
como maíz de piedra
aquí te espero
como templo de piedra
aquí te espero
de frente siempre
Aquí te espero
con el más grande amor
que irrumpe terremoto de la tierra
aquí te espero
con el amor fijo
de un satélite que entrega
día a día
su larga luna lavada
en la noche
de tus pequeños pechos colosales

Desde que te vi
amor de las sorpresas
sólo quise seguir mirándote

IV
El amor nace como el sol
todos los días
y es más grande que el mar
Todo aquí se apareja:
el monte que se adentra
en la nube
lo mismo que la altura
y la distancia
¿Cómo supo Martí
que también el Caribe se enlaza
por debajo de la mar
con los Andes?
Hagamos sobre la mar
a sangre y a cariño
nos dijo contemplando
y en Panamá
se besan cada día
dos oceános
y se pasan beso a beso
por la línea de tierra ecuatorialun paraná de miel
y brandy en las exclusas de los labios
para que el llanto
huya fugitivo
y resuene por el filo del barranco
sembrado justo en medio de la tierra
el viejo corazón del olvidado
En Panamá
se encuentran otra vez
atlántico y pacífico
como los labios eternos
de un beso colosal,
más grande que el cóndor desde Nazca
más grande que el orbe medio
que se eleva desde El Cusco
hasta el Yunque
con su vida de piedra
esa vida que suspira a través
de tanta vida
Para saber que existes
no importa el derrotero
el espacio
o la distancia,
basta saber que estás ahí
que llevo por dentro
tus torrentes que no acaban
y un Waynapicchu
en los ojos que la aman.

V
Desde que te vi
Waynapicchu
más allá del sueño y la esperanza
sólo quise seguir mirándote.
Anidada en la nube
alojada en el relámpago
gaviota que guardo dormida
dentro de mi abrazo
Hoy el aire trae
la pena de una quena
que olvidó
por ti
cómo llorar sus desamparos
y se acuesta ante ti
como el alma sigilosa de las piedras.

Subo contigosubo hasta ti
y subo a nacer
morada del relámpago
que nos hallara
para erizar la piel de sus portentos
relámpago morada de un amor
que no sabe cómo desprenderse
ni cómo
desprender
los granos de un maíz
de tanto tiempo

Subo a nacer contigo
porque
como dijo Pablo
el hombre y la mujer
son más anchos
que el mar
y que sus islas

VI
Sube conmigo, amor...
Después del zarpazo terremoto
quedaron estos dientes de dragón
destilados siglo a siglo
desde el agua en la simiente
hasta el sueño de la nube

Sube conmigo
amor de cada día
que bebido por tus ojos
descansan ahora las estelas marinas
de Barranca

Dame la mano
que llueven nuevamente las campanas
y el fuego que llamea en tu mirada
ha convertido el barro
en la cerámica
esa cerámica que guarda
eternamente
su paso por el fuego
y no la olvida
Ya no volverás
al fondo de la roca pachamama
ya no volverás
al tiempo subterráneodel olvido
ya no volverá
la voz endurecida de la piedra
ya no volverán
los ojos taladrados
por el llanto

Que no hay derrota en ti
todo se eleva
todo es conquista y victoria
del sueño del esfuerzo
y de la arcilla
secreta tea de lo eterno
y una nueva canción de la alegría
grabada en la piedra de su letra
un Beethoven que en la altura
desgrana la luz
de su novena sinfonía

Sube conmigo, amor
que en esta altura
ronda cada día
el milagro
de tus relámpagos
y todo el templo
te contempla
y habla
de tus palabras
y de mi sangre
Heme aquí ya
por siempre, amor,
fijo en el temblor del templo
de la piedra
y la cerámica
contemplando tu mirada!

25-28 Oct. 04

 

 

 

 


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Jamás podremos estar seguros de poder cruzar el puente que nos llevará hacia la otra orilla, sin la guía salvadora de Doña Sara. Solo su luz eterna podrá librarnos de la oscuridad en que nos ha dejado. Mi corazón en sombras está de regreso a vuestro lado para vivir y compartir nuevamente las penas y alegrías de mi vida de puertorriqueño adoptado, que en vuestro hogar encontró la paz y el amor que solo mi propio hogar pudo brindarme. Paz y fe es lo único que podemos buscar y conservar en esta hora dolorosa.Joseph Berolo. Chia, Cundinamasrca Colombia. Junio 19,2018 (Páfina web In Memorian

Los dioses sin adioses

"Los dioses no tuvieron más sustancia 
que la que tengo yo", JRJ.

A mi madre, Sarah

 

Los dioses no tuvieron más sustancia
que la que tienes tú
Ni más cuerpo de prado 
Ni memoria de la vega florida
y del manantial 
libre de ahogos
Tú tienes
como ellos
alborozo de flor
Espacio de oceano
Ímpetu de tallo y de raíz
Aliento de arcilla
Vida para dar
Y efervescencia
No. Los dioses no tienen más sustancia
que la que tienes tú
que supiste verdearte
como musgo entre las piedras
Los dioses del desierto
y de los bosques
los dioses de los ríos
y las sabanas
Los dioses sin adioses
Los que nunca terminan
Tú eres como ellos
fuga raudal de cabo a fin
Allí estabas allá
Allá estabas aquí
Mas siempre abeja entre las flores
O la pura tibieza de un abrigo
O el puro bodegón
de ese pecho que apuramos
como un pollito
El puro sostén
en el aire de los pájaros
El puro apurar
de un vientre siempre verde
La memoria arcana
y encarnada
de lo que no se agota
ni consume
Aunque seas memoria del fuego 
no fuiste testamento de ceniza
sino el soneto en carne viva
y ese soplo que revuelve
las hojas caídas
Fuiste semilla de la aurora
La floresta al mediodía
repartida en diez cauces y caminos
Y ese pino inmenso 
en el otoño de la noche 
que atiza con su dedo las estrellas
En el recuerdo de tu mirada
ensemillada siempre
nacen en tus manos las reinitas
que te buscan los retozos
y colmenas
Pasas a sotavento
como una danza en la plaza
Pasas a barlovento
como un salón de baile
Pasas al norte
como una feria de libros
Pasas al sur
como un festival para la canción
y la poesía
Y pasas 
en todas partes
como delirio en el agua
Háblame mamá del viejo lago
De cómo se torna cristalina
la adolescencia en las mañanas
y de cuánto reposa su tersura
en la mejilla virgen de las aguas
Háblame 
de aquella muchedumbre de reinitas
que jugaban con azúcar
por las mesas de la infancia
Y cántame cielito lindo otra vez
que el llanto se me exprime
en el pecho sin olvidos
mientras se disuelve
como un paso de baile
en la sonrisa
Mi madre conoce el salmo de David
y la danza de seda de la sulamita
Recita el salmo de Manuel
lo mismo por la ruta del sol
que de la luna
Dime mamá de los pájaros 
del lago de Cidra
Dime como danzan
en la neblina 
los rojos y los verdes
en tus hojas de pascua
Cuéntame otra vez
la historia de la flauta 
y las cabritas
la crónica sombría en las bodegas
la crónica de las bahías 
y los puertos
de los valles del mar abierto
en lontananza
Háblame del vestido y del calzado
de los lápices sobre la mesa del pan
del ascenso y la caída
del impulso y la derrota
del amor y sus racimos
del puente y de la alcoba
de la espera y la llegada
No, los dioses no han tenido más sustancia
ni más tiempo 
ni más memoria altiva
ni más cuerpo
que los que tienes tú
desatada de adioses y de olvidos
Mi madre es vientre
y colmena de semillas en la brisa
que van desde la oruga 
hasta la mariposa.
Hacia ella vuelan siempre
retozando las reinitas
"en el recuerdo de tu mirada" 

 


UN NARDO EN LAS SABANAS



Una misma uña furiosa
parece haber dibujado la Alhambra
que serías finalmente,
y las estelas de piedra mayas
que te imaginaron
y el océano agreste donde te encontré.


Un jardín quebrado como los desiertos
se añora y se adivina en sus nostalgias,
y una sed de muerte asida a sus escarabajos
desea todavía
las flores prometidas
de la estrella ¿cansada? de ser nueva
que creara el mago en nuestro nombre
para perpetuar por todo el orbe de mi vida
tu eclipse de azucena
y el nardo insomne de tu ausencia.


Percibo el aroma de tu vuelo y sus almendras
como una luz que titubea sus manzanas
en la distancia aún sin luna
donde fuiste amazona de mi alhambra
antes que escaparas del sueño en tus halcones
como un sol de limonero en la mañana
una rosa solitaria en tu incensario
un mito de jade maya que te encubre
y un océano de palmas blancas
--naturalmente caribe-- como tú,
que sacudes todavía con tu olor a las sabanas.


ERES EL VIENTO QUE ERAS


Has llegado siempre
-y diré que dije siempre-
a este lugar en que habitan
mis costumbres más mapuches
porque habita aquí mi memoria gastada
y mis medidas más exactas
y cada una de las líneas de mi mano
con su sueño torcido de ónix
y su desvelo todavía suspirando
la sombra de mis luces
de casi medio siglo
la acuarela de las piedras
que recogí al pie de tu pirámide
la cítara y los arcos
de la mezquita de Córdoba...


 

Has llegado siempre
como dije que diré
sin residuo ni migaja
y como siempre te encontré
reinita o quetzal
que igual cantabas en lo alto
de las ruinas de Misiones
aquel atardecer de nuevo cielo
que rondaba el río Paraná.


Porque vuelves
como la línea que se cierra casi
en herradura
y porque vengo a ti
por la suerte que me das
somos la aguja en el tejido
que rebota y retoza en los minutos
como un colibrí de fuego que no quemas
una fugacidad que no termina
una intermitencia repetida al infinito
un ritmo de alabanza
para ellos y para su patria
una red de pentagramas de agua
que enreda y teje la ternura


Subí a tramos breves
y a tragos hondos por esa pira
de tu cuerpo en que me quemas
y supe allí, en ti,
en lo alto de tu Pirámide del Sol
que el horizonte era un punto recogido de tus pechos
el horizonte era el punto de lo alto donde estabas
Teotihuacan era la altura enardecida de tu pecho
y que todos los vientos venían hacia ti,
del páramo abierto del norte
del páramo abierto del sur
del este persiguiendo los oestes
del oeste que se escurre hacia el sol que nace.
Decir que vivo en ti y a barlovento
y que llegas siempre
como el viento que desordena los papeles
fluida, ágil, impenitente
algo que derrama el agua en la mesa
algo que se mueve, se inclina, encarrila
y se descubre en la sorpresa


Siempre llegaste a mi vida,
barlovento,
como ahora
ahora mismo
estás llegando
Un surco que se abre
una pendiente que arrastra
y ese viento, viento fuerte
que hincha las velas que me llevan
y muestran mi rumbo a sotavento
sobre la mano abierta del océano
y enardece mi bandera
que me recoge el cuerpo debajo del abrigo
o me revuelve, se me escurre
y me lame bajo las ropas mis erizos.
Siempre llegas a mi vida
como el viento aquel de Teotihuacan
un poco entre el susto y la sorpresa
el viento que apaga a veces y a veces enciende
la vela en la tormenta
la vela en las iglesias
la vela de los sustos
la vela de aquel lecho
y tantas noches
la vela de la mañana aquélla
y de mis pasos
la vela de nuestros sábados de gloria
la vela grande de mi vida
de mi vida en pie
que en ti, viento, y por ti, Velita,
encuentra su sentido.

ESE CORAZÓN

La hoja que no cae
prendida y victoriosa
la rosa encendida en la floresta
el susurro de un beso
que renace
el sueño que brota de lo oscuro
la ansiedad que sacude sus cenizas
los pasos que animan el camino
la nuca que se vuelve
los ojos que se anidan
la memoria transparente
de un abrazo
la sangre de un te quiero
herido en su ternura...
Pero aún eres más...
la palabra que anula la distancia
la ansiedad de un tiempo eterno
y sin nostalgia
el salto que se entrega
en el vacío
y ese corazón que canta siempre
al compás del mar
y el sol de la mañana.


COMO SALTA EL AGUA EN LA CASCADA

Nunca se extravía un colibrí
Busca en el convite del camino
y llama como un dedo desde allá
en la mano de las flores
Me llama con cara de mimo
y bigote de chaplín
Me llama desde allá
coqueto y payasito
Con cara de melo
de trapecista del viento
y flautista de hamelín
cuando atajado en la poza
no hallamos sombra
para un sueño
y oímos pasar los pájaros
toda la noche
aferrados a la orilla de un desahucio
Sí, el tiempo es humo extraviado
en el archivo fugaz del calendario
Me llama desde allá...
Pero huele a aguacero
en el granero
y los ojos de mis luciérnagas
aún te buscan un cielo mudo
para amarte
Y aún soy vega y quebrada
y puente
y agua llovida
Y habita en mí el río vivo de los días
sordo a la queja de las sombras
y aferrado a la memoria
del viento
de la luz
y de las aguas
Pues cuando se ama de oído
cuando se palpa en la vena
las cuerdas de un madrigal
y mana lentamente el manantial
nada nos roba el sueño de cantar
como salta
jubilosa
el agua en la cascada
Me llama desde allá
muy pajarito.