voceros de porfiadas gestas nuevas,
vencedores
de victorias no ganadas,
los poetas crecen como del mar las olas.
Su pluma navegante
amarra naves de confianza
en
la rada de sus pechos...
anclado allí se encuentra,
afirman- el poema libertario,
ungüento, reafirman- de amor
para curar el odio humano.
¡La
otra audiencia espera...! ...
¡En el
enorme palco de las calles donde
habitan los tristes peregrinos de la suerte impía
de no tener abrigo! --¡En las plazas de la ciudad moderna! ¡Único refugio de los huérfanos de todo...!
--¡En los congresos de todas las naciones donde peroran sus falacias los genios de la arenga! ¡En despoblado,
el campo y la vereda donde solo quedan los recuerdos enterrados en las fosas que hicieran los cilindros! ¡En las aulas
repletas de promesas donde esperan los pupilos las dichas del mañana... ¡En la selva de sombras que se extienden,
donde la Paz de la Palabra justa nunca llega!
Joseph Berolo